7 de setembre de 2017

Recuperar el Estado









El 3 de junio de 1951, se formó en Londres la Internacional Socialista. Todavía está en marcha. Es "una asociación mundial de partidos políticos, la mayoría de los cuales buscan establecer un socialismo democrático". Sus raíces se remontan al siglo XIX (a la Primera Internacional formada en 1864) cuando se consideró beneficioso unir a los movimientos nacionales de la clase obrera en una fuerza global para derrocar al capitalismo. Las disputas internas entre varias facciones condujeron a diversas disoluciones y reformas en los últimos 150 y pico años. En 2013, la membresía se dividió cuando el SPD alemán decidió crear un grupo competidor, la Alianza Progresista, a la que se unió una multitud de los llamados partidos socialdemócratas (incluido el Partido Laborista Australiano) que abandonaron la IS. Ambos cuerpos están asediados por conflictos internos y por miembros que han caído en los mitos macroeconómicos neoliberales. Más recientemente, DIEM25 ha surgido para perseguir una visión paneuropea de la política de izquierdas. La dinámica más reciente de estos movimientos niega el poder del estado-nación en una economía globalizada y los flujos financieros globales. Todos ellos están fracasando debido a esta negación.

Se ha publicado un interesante artículo en el Financial Times (4 de julio de 2017) --La soberanía sigue teniendo sentido, inclusoen un mundo globalizado-- de Robert Tombs, un académico británico especializado en historia francesa que se ocupa de este tema.

La afirmación de que el estado-nación está muerto es también un tema importante de mi próximo libro (escrito con Thomas Fazi) - Reclaiming the State: A Progressive Visionof Sovereignty for a Post-Neoliberal World (Recuperando el Estado. Una visión progresista de la soberanía para un mundo pos-neoliberal)- que será publicado por Pluto Press (Reino Unido) el 20 de septiembre de 2017.

Presentaremos el libro en Londres el 26 de septiembre de 2017 y después haremos una gira de 10 días de conferencias promocionales por toda Europa. Todos los detalles de dónde y cuándo tendrán lugar los eventos se publicarán próximamente, pero al final de este blog hay una guía indicativa.

Al mismo tiempo, lanzaré un nuevo proyecto que vamos a llamar El Proyecto de Recuperación del Estado (The Reclaim the State Project, RTS), que se centrará en expandir la conciencia de la capacidad del gobierno emisor de moneda para avanzar en el bienestar general y contrarrestar el poder egoísta del capital global. Más detalles sobre este tema aparecerán próximamente en su página principal http://www.reclaimthestate.org.

Como antecedente,  Thomas Fazi y yo hemos publicado recientemente un artículo Make the Left Great Again (Haced la izquierda grande otra vez), que apareció en la edición del otoño de 2017 de una nueva revista estadounidense American Affairs (Vol 1, número 3). La revista se ocupa de “las políticas públicas y el pensamiento político".

Ese artículo resume nuestro argumento de que el estado-nación nunca se fue, como muchos en la izquierda progresista de la política parecen creer. Estos movimientos paneuropeos son creados todos ellos en respuesta a la creencia equivocada de que el Estado se ha sometido al capital global y no puede seguir políticas que contradicen los objetivos de los intereses financieros globales. En consecuencia, se requieren movimientos supranacionales o pan-nacionales. Claramente consideramos que ese tipo de razonamiento es falso. Y también lo hace Robert Tombs, como se describe en su artículo del Financial Times citado anteriormente. Empieza con:

 La soberanía nacional hace mucho tiempo fue relegada a la basura de la historia. Los días son para los grandes imperios, y no para los pequeños estados ", proclamó Joseph Chamberlain, secretario colonial de Gran Bretaña, en 1902. Hoy, cada uno de esos grandes imperios se ha ido, y los pequeños estados permanecen. Sin embargo, la creencia de Chamberlain ha demostrado ser tenaz. Algunos de los jóvenes acólitos imperialistas de Chamberlain continuaron predicando el mensaje, apoyando el federalismo europeo en su vejez.

Todo el desastre que es la Eurozona (y la Unión Europea) se basa en el razonamiento erróneo de Chamberlain. Señala que el ejercicio de la soberanía nacional "fue responsable de la guerra mundial", mientras que "los sistemas supranacionales... mantendrían la paz".

El "Proyecto Europeo", después de la Segunda Guerra Mundial, era un ambicioso plan de integración europea para garantizar que no se produjeran más conflictos militares a gran escala en el territorio continental europeo, precisamente porque existía la idea de que la persecución de sus propios objetivos por los Estados nacionales individuales predispondría a los continentes a la guerra.

Al principio, el "Proyecto Europeo" comenzó en un momento en que las naciones avanzadas habían adoptado un amplio consenso de política económica keynesiana con gobiernos comprometidos a mantener el pleno empleo. Como resultado, lo que ahora identificamos como los fallos del neoliberalismo estaban ausentes y la pérdida de soberanía, que era la consecuencia de la integración temprana, era mínima y no planteaba problemas.

Robert Tombs también nos recuerda que estos pasos hacia la integración política en Europa:

....es el resultado, no la causa, de una paz creada por los estado-nación democráticos que aplastaron la Alemania nazi y crearon la OTAN.

Fue la determinación de Francia de crear estructuras institucionales que impidieran a Alemania invadirla de nuevo la que inició el viaje hacia una Unión Europea.

Francia veía una Europa integrada como una forma de consolidar un papel dominante en los asuntos europeos pero, al mismo tiempo, estaba decidida a ceder la menor soberanía nacional posible para alcanzar estos objetivos. Francia también estaba resentida por la influencia que los Estados Unidos ejercían en Europa, en particular a través del Plan Marshall, que intrínsecamente vinculaba a Alemania Occidental con los Estados Unidos.

Francia nunca tuvo la intención de ceder su estatus monetario a una autoridad supranacional en Bruselas. Eso llegó mucho más tarde y sólo una vez que las ideas monetaristas infestaron a los aspirantes a políticos, burócratas y banqueros centrales franceses.

El historiador Tombs nos recuerda cosas que olvidamos continuamente:

Los esquemas imperialistas y federalistas han chocado todos ellos contra la soberanía nacional y la democracia, las dos caras de la misma moneda política.

Es decir, fundamentalmente rechazamos los esquemas que nos quitan la voz y hacen que el poder vaya más allá de aquellos que elegimos como nuestros representantes.

Richard Tombs señala a este respecto que, si bien el "Imperio Británico fue el creador del mundo moderno, sus miembros abandonaron el imperio" tan pronto como pudieron "para afirmar su soberanía nacional sobre los acuerdos coloniales o poscoloniales. Incluso las naciones más pobres luchan por liberarse de los lazos coloniales o históricos con otras naciones. Por eso la UE es, en palabras de Tombs, un "notable logro político", que:

...era persuadir a la mayoría de los europeos -que en algunos casos habían luchado por su soberanía nacional- de que esta soberanía ya no importaba, que era una ilusión, que podía ser "mancomunada" con seguridad dentro de la UE, y que de todos modos intentar ejercerla traería desastres.

Yo matizaría esa evaluación tan significativa. Los primeros pasos hacia la integración se basaron en el plan siderúrgico y la Política Agrícola Común (PAC). La PAC, en particular, comprometió claramente la soberanía nacional, pero los franceses consideraron que era un plan astuto conseguir que los excedentes industriales alemanes subvencionaran a los agricultores franceses, relativamente improductivos, dado que el grupo de presión rural en Francia era políticamente muy poderoso.

Francia quería proteger a los agricultores franceses y Alemania quería ampliar su mercado de exportación industrial. Para alcanzar sus objetivos, los alemanes acordaron conceder subvenciones a través de la PAC a los agricultores franceses: una tensión que sigue siendo persistente. Sin embargo, la viabilidad administrativa de la PAC exigía un entorno cambiario muy estable, ya que había que mantener una multitud de precios agrícolas en toda la Comunidad.

Una vez que los estados miembros se quedaron encerrados en la PAC, también quedaron atrapados en la imposibilidad de llevar a cabo la tarea de mantener tipos de cambio fijos. El marco alemán se convirtió en la moneda más fuerte en los años sesenta del siglo pasado, a medida que crecía su fortaleza exportadora, lo que puso a Francia e Italia bajo una presión constante de devaluación y estancamiento interno y socavó la PAC. Los diversos acuerdos para mantener paridades fijas entre las monedas europeas fracasaron en gran medida debido a los diferentes puntos fuertes de exportación de los estados miembros.

Pero en vez de tomar la opción sensata y abandonar el deseo de tipos de cambio fijos, los líderes políticos europeos aceleraron la transición a una moneda común cuando el sistema de Bretton Woods se derrumbó en 1971. Las lecciones del fiasco de Bretton Woods no fueron aprendidas.

No se puede decir que la aceleración de la presión política para conseguir una moneda común haya sido lograda por la UE "persuadiendo a la mayoría de los europeos" para que renuncien a la soberanía nacional. Como documento en mi libro de 2015 La Distopía del Euro, hicieron a los ciudadanos tragarse la Unión Monetaria a la fuerza, ya que no sólo fueron engañados por los políticos pro-UE y sus seguidores, sino que también se les negó el derecho a votar directamente a favor del cambio.

Cuando se firmó el Tratado de Roma modificado el 7 de febrero de 1992, que introdujo la ley de la Unión Monetaria Europea, la opinión popular se apartaba del concepto de Maastricht. Andre Szász, ex jefe del banco central holandés, escribió en su libro de 1999 The Road to European Monetary Union (El camino hacia la Unión Monetaria Europea), que el último intento de asegurar el acuerdo de la élite política europea sobre la Unión Monetaria Europea(UME) "no había conseguido atraer a sus electores". El público en general tenía la sensación de que se avecinaba un gran cambio, pero ignoraba casi por completo cuáles serían las implicaciones de ello. La arrogancia de las élites políticas fue tan grande que pensaron que el proceso de ratificación, que variaba de un país a otro, sería relativamente rápido y que el Tratado podría entrar en vigor el 1 de enero de 1993. La hibris generalmente suele llevar a conclusiones erróneas.

Dinamarca fue la primera nación en pasar por el proceso de ratificación a través de un referéndum nacional, lo que desafortunadamente para las élites políticas significaba que el pueblo tendría voz y voto en la UME. El resultado fue un desastre para los defensores de la UME. Hubo una participación del 82,9% de los votantes con derecho a voto, pero sólo el 49,3% votó a favor.

Andre Szász comentó que la decisión del gobierno danés de distribuir medio millón de ejemplares del Tratado ("un gran número"), para una población de 5 millones,  solo sirvio para "convencer a los electores de que se les pedía que contrajeran obligaciones incomprensibles, incluso indescifrables para ellos". En respuesta, la UE ofreció a Dinamarca varias salidas, lo que significaba que no tendrían que renunciar a su soberanía monetaria.

El 3 de junio de 1992, el día después de que los daneses rechazaran la primera votación, el presidente Mitterrand anunció que Francia celebraría un referéndum el 20 de septiembre de 1992 para ratificar el Tratado. Mitterrand logró una victoria de lo más reñida con un 51,1 por ciento a favor en una participación del 69,7 por ciento, el llamado "petit oui". Podría detallar más sobre esto y así lo hice en mi libro de 2015.

El resultado es que el proceso de ratificación no ha reforzado positivamente las maniobras políticas que se habían producido desde la publicación del Plan Delors en 1989. Hubo incertidumbre, disensión y, en retrospectiva, una sensación de premonición de lo que estaba por venir.

Richard Tombs señala que "el año pasado, el pueblo británico decidió, por una pequeña mayoría, asumir un riesgo... su recién reivindicada soberanía ", que él considera un concepto bastante "confuso e intangible". Sin embargo, tiene algunos aspectos claros. Piensa que "los votantes de Brexit consideran el voto popular directo como la máxima expresión de soberanía... aunque la mayoría de nosotros probablemente aceptaríamos que el consenso popular es su esencia".

La pregunta que plantea es si esto es:

¿... una soberanía borrosa, simplemente un mito político anticuado? A menudo se nos dice que en el "mundo global de hoy" la soberanía nacional carece de sentido a medida que las fronteras se vuelven irrelevantes y los poderes cambian hacia organismos internacionales y no estatales. Este es seguramente un dogma ideológico más que una observación desapasionada. La cantidad de poder que los estados pueden ejercer incluso sobre las grandes fuerzas económicas es considerable, y ciertamente mucho mayor que en el pasado.

Documenta la forma en que los estados conservan el poder:

1. “En la mayoría de los países, el estado representa casi la mitad del producto interior bruto ", por lo que el gasto público es crucial para la prosperidad actual.

El gasto de inversión es un componente relativamente pequeño (aunque volátil) del gasto total. El estado siempre puede compensar las fluctuaciones en el gasto no gubernamental si lo desea, pero lo contrario no es cierto.

2. “La flexibilización cuantitativa ha demostrado la importancia de la soberanía monetaria “; de hecho, ha demostrado que los bancos centrales pueden controlar los rendimientos de la deuda pública a cualquier nivel que elijan. Y la inferencia lógica es que los bancos centrales pueden financiar cualquier déficit fiscal de cualquier tamaño si lo desean. Y  los gobiernos, de hecho, ni siquiera necesitan emitir deuda para poder incurrir en déficit. Eso es lo que la gran crisis financiera demostró a cualquiera que quisiera mantener los ojos abiertos.

¡Es lo que los defensores de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) han estado argumentando desde el principio!

3. “Los pequeños estados prosperan: son los grandes actores, los que se enfrentan a problemas fundamentales. Incluso en la estimación más baja, los poderes residuales de los estados soberanos son de gran importancia”.

En este sentido, Richard Tombs discute la crisis en la UE, donde se afirmó que la UME resolvería "los problemas de soberanía y poder nacional aunando los primeros para aumentar los segundos".

Como concluye Tombs:

Pero la solución evidentemente no está funcionando. Para muchos países miembros, sobre todo Grecia, España e Italia, la puesta en común de la soberanía nacional ha tenido consecuencias sociales, económicas y políticas devastadoras. Al igual que un agujero negro político, la UE aspira a la soberanía de sus estados miembros, pero la reserva de soberanía se agota. Si la soberanía confiere el derecho reconocido a tomar una decisión definitiva, ¿quién tiene ese derecho en la UE?

La UE es disfuncional porque, al tomar soberanía monetaria esencial de los estados miembros, los arquitectos neoliberales se negaron a crear una función de armonización a nivel federal. Ninguna economía monetaria puede sostenerse a sí misma en prosperidad sin que haya una potente función fiscal a cargo del emisor de la moneda. Se trata de una visión básica de la TMM y las pruebas lo han demostrado una vez más.

Al negarse a crear tal función, la UE es en gran medida un país sin timón.

Tombs concluye diciendo:

Quizás en unos pocos años las élites europeas reconozcan que el federalismo ha demostrado ser un callejón sin salida, y que la mejor esperanza de Europa es una asociación de naciones democráticas soberanas unidas no por "directivas", sino por la solidaridad de los vecinos. Pero no contengan la respiración.

Nadie debería contener la respiración en ese punto.

Las élites políticas de la UE han demostrado que están dispuestas a devastar el bienestar de las naciones más débiles y de sus ciudadanos, antes que admitir su fracaso y evitar todo el ridículo espectáculo.

En términos más generales, el neoliberalismo ha tratado deliberadamente de promover la opinión de que el estado-nación es ahora impotente. Los partidarios del neoliberalismo han perseguido un proceso de despolitización, como un aspecto esencial de su deseo de ganar un mayor control del capital global. Esto ha llevado a políticas que han restringido la soberanía nacional existente y los mecanismos democráticos populares. El objetivo: aislar las políticas macroeconómicas de la impugnación popular y eliminar cualquier obstáculo que se interponga a los intercambios económicos y a los flujos financieros.

Pero la idea de que la globalización había dejado al estado cada vez más impotente frente a las fuerzas del mercado, promovido sistemáticamente por los neo-liberales y engullido “el anzuelo y el sedal” por la izquierda, debería verse como un componente del programa de adoctrinamiento ideológico que instituyó la derecha.

El proceso, que en general  y erróneamente, se enmarcó como un desplazamiento del estado al mercado, fue acompañado por un feroz ataque a la idea misma de la soberanía nacional, cada vez más vilipendiada como reliquia del pasado. Más pronto que tarde, la izquierda fue cautivada por este mito. Pero un escrutinio más profundo revela que el estado no ha sido dominado por el mercado.

El neoliberalismo no ha supuesto un repliegue del estado, sino más bien una reconfiguración del estado, con el objetivo de situar las elites dominantes de la política económica bajo el control del capital financiero. Piensen en cómo se ha introducido la agenda neoliberal. Es evidente, después de todo, que el proceso de neoliberalización no habría sido posible si los gobiernos -y en particular los gobiernos socialdemócratas- no hubieran recurrido a una amplia gama de herramientas para promoverlo: la liberalización de los mercados de bienes y capitales; la privatización de los recursos y los servicios sociales; la desregulación de las empresas, y los mercados financieros en particular; la reducción de los derechos de los trabajadores (primero y ante todo, el derecho a la negociación colectiva) y, de manera más general, la represión del activismo sindical; la reducción de los impuestos sobre el patrimonio y el capital, a costa de las clases medias y trabajadoras; el recorte de los programas sociales, etc.

Estas políticas se aplicaron sistemáticamente en todo Occidente (y se impusieron a los países en desarrollo) con una determinación sin precedentes y con el apoyo de todas las principales instituciones internacionales y partidos políticos.

Incluso la pérdida de la soberanía nacional invocada en el pasado, y que sigue siendo invocada hoy en día, para justificar las políticas neoliberales es en gran medida el resultado de una limitación voluntaria y consciente de los derechos soberanos del Estado por parte de las élites nacionales. Las diversas políticas adoptadas por los gobiernos occidentales para este fin incluyen:

(1) reducir el poder de los parlamentos frente al de las burocracias ejecutivas;

(2) hacer que los bancos centrales sean formalmente independientes de los gobiernos, con el objetivo explícito de subyugar a estos últimos a la "disciplina basada en el mercado";

(3) la adopción del objetivo de inflación como enfoque dominante en la formulación de políticas del banco central, un enfoque que hace hincapié en la baja inflación como objetivo principal de la política monetaria, con exclusión de otros objetivos de política, como el pleno empleo; y

(4) adoptar políticas reguladoras de gasto público, deuda como proporción del PIB, competencia, etc., limitando así lo que los políticos pueden hacer a instancias de sus electores;

(5) subordinar los departamentos de gastos al control de las tesorerías;

(6) la adopción de nuevos sistemas de tipos de cambio fijos, que limitan severamente la capacidad de los gobiernos para ejercer control sobre la política económica; y, quizás lo más importante,

(7) ceder las prerrogativas nacionales a instituciones supranacionales y burocracias supraestatales como la Unión Europea.

La razón por la que los gobiernos decidieron voluntariamente "atarse las manos" está demasiado clara: como el caso europeo personifica, la creación de "restricciones externas" autoimpuestas permitió a los políticos nacionales reducir los costes políticos de la transición neoliberal -que claramente implicaba políticas impopulares- mediante el "chivo expiatorio" de las normas institucionalizadas y de las instituciones "independientes" o internacionales, que a su vez se presentaron como un resultado inevitable de las nuevas y duras realidades de la globalización.

Conclusión

La próxima vez que oigas a alguien repetir la versión de la izquierda estándar que dice que el estado está muerto, larga vida a los movimientos internacionales, paneuropeos o pan-lo que sea, piensa en estos puntos:

1. ¿Por qué las corporaciones y los banqueros de inversión gastan tanto tiempo y dinero presionando a los legisladores?

2. ¿Por qué hay tanta presión a favor de los conocidos "Mecanismos de Resolución de Disputas de Inversiones" (ISDS/ICS) en los llamados "Tratados de Libre Comercio"?

3. ¿Por qué las corporaciones hacen ruido cuando sus contratos gubernamentales están en riesgo?

4. ¿Por qué las corporaciones financieras se rasgan las vestiduras cuando los mercados de deuda públicos se debilitan a medida que los gobiernos amortizan la deuda vencida y no emiten nuevos bonos (cuando están en superávit)?

Y podríamos continuar con un sinnúmero de preguntas de este tipo.

La izquierda fue llevada a pensar que el estado-nación es impotente. La derecha era más inteligente. Sabían que tiene que cooptar el poder del estado para sus propios fines y sistemáticamente han estado trabajando hacia ese fin, temiendo que si los ciudadanos se enteran alguna vez de lo que realmente está sucediendo, el poder del estado será recuperado por todos nosotros.

De eso se trata el Proyecto de Recuperación del Estado.

Convocatoria a la gira de conferencias de Recuperar el Estado

Aquí está el programa para nuestra promoción de libros y gira de conferencias a finales de septiembre y principios de octubre.


Próximamente se publicarán los horarios específicos y más detalles.

(c) Copyright 2017 William Mitchell. All Rights Reserved.

Traducción de Sandra Soutto y David Hervás.
Publicado y traducido con autorización del autor.